Ocho poemas de Antonia Palacios (Caracas, 1904 – 2001) ~

FullSizeRender
Antonia Palacios en Bogotá, Colombia, 1968

Antonia Palacios nació en Caracas en 1904. Comenzó a interesarse en la escritura a finales de los años treinta. En 1944 publica su primer libro, París y tres recuerdos, un volumen de ensayos sobre su vida en Francia. Su primera novela Ana Isabel, una niña decente (1949), se convirtió en un éxito editorial. En 1972 publicó la colección de cuentos Los insulares. Más adelante, en 1973, publicó su primer poemario, Textos del desalojo, obra que reúne poemas en prosa. Fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1976, convirtiéndose en la primera mujer en recibirlo. Entre sus obras destacan: Viaje al frailejón (1955), Escritos en el margen (1970), El largo día ya seguro (1975), Crónicas de las horas (1983), Una plaza ocupando un espacio desconcertante (1981), Multiplicada sombra (1983), Clamando por el roce (1985), La piedra y el espejo (1985), Largo viento de memorias (1989), Ese oscuro animal del sueño (1991) y Hondo temblor de lo secreto (1993). Fue secretaria general de la Agrupación Cultural Femenina y presidió el Primer Congreso Venezolano de Mujeres (1940). En 1978, fundó el taller Calicanto y su revista, Hojas de calicanto. Murió en Caracas en el año 2001. 

La poesía de Antonia Palacios es confesional e íntima. Su obra está compuesta por pasajes biográficos que trazan una cartografía entre el hecho personal y el hecho poético. La soledad y la nocturnidad son dos de los elementos más trabajados en su obra. Antonia Palacios escribió poemas sobre la luz y la sombra, y en su voz solitaria gestó una herencia poética que la convertiría en una de las voces fundamentales de la literatura latinoamericana. 

De «Textos del desalojo» (1973)

En el centro, en el centro exacto, círculos concéntricos, materia informe, desde el centro, materia punzante, allá en el centro, palpable el contorno en el vértigo, en el vertiginoso instante que deja el centro atrás, centro oculto, custodiado, en el suspenso tardío del instante que llega en desbandada sin contorno, sin centro, en el nivel más alto donde la sombra anida, centro remoto. Lejos del centro las estrías, las fisuras, esparcidas en contornos convergentes reunidos en el centro, y dispersos, descoloridos destellos en el centro, vuelo efímero, fatigado vuelo batallando en el límite del centro, alrededor del centro ¡ay cómo pesa, ay cómo me gimo, cómo me abismo en este centro que se repliega, este centro que se consume, espiral del centro, ay cómo me oprime, dilatado centro! En el centro, ya centrada, en el centro fija, fija en el centro, atravesada por el centro, fuera ya del centro.

Estoy aquí en lo oscuro de espaldas a la luz, olvidando el comienzo, la eternidad del día. Estoy aquí ignorada, el perfil de mi rostro perdido entre la sombra. Estoy aquí disminuida, apenas una línea, un punto sin relieve. Estoy aquí inclinada dejando que la noche me pase por encima. Afuera en el espacio Las águilas inmensas batallan con el viento. Estoy aquí aguardando… Y recojo mis gestos, y repliego mi aliento, amordazo mi voz y toda yo soy silencio oculta entre lo oscuro. Estoy aquí vigilante, velando temerosa una criatura errante que en mí se ha detenido. 

De «Multiplicada sombra» (1983)

Hay un tiempo de silencio. Un tiempo en que las horas pasan alumbrando lejos. Un tiempo de ojos que asumen las distancias. Hay un tiempo de regreso, un tiempo ciego. Hay un tiempo de tanteos donde nada asimos y una lenta densidad de cielos crece entre la sombra. Hay un tiempo sin tu rostro y un olor a viento de mar y la forma de tus gestos vaciando el tiempo, extraviándose en su vuelo. 

De «La piedra y el espejo» (1985)

Tus pasos se han perdido en un silencio oscuro. Si pudiese despertar. Percibir de nuevo los rumores consumidos, rescatar el eco de tu voz cautiva. Tengo una sed de ruidos, de golpes, una sed de escuchar el oleaje de la vida, el zumbido de la tierra, el último gemido de las cosas. Tus pasos se han perdido en un silencio oscuro. 

De «Largo viento de memorias» (1989)

Me quema la palabra, me hace llama. Me quema y no alumbra, me hace herida. Quemadura honda, no mana sangre. Me quema desde su oscuro pliegue. Se esconde la palabra, se hace hermética. Quiero arrancar la máscara ¡tantas máscaras! dejarla toda al desnudo. Saber de sus espumas cuando asoma en gran respiro. Se fuga la palabra. Persiguiéndola sin tregua se me escapa la vida.

De «Ese oscuro animal del sueño» (1991)

Estoy en contra de todo, del que me dijo te quiero, del pájaro que echó a volar, de la diafanidad del cielo, de la senda que va cuesta abajo y de la que trepa hacia arriba. Pasa una nube y pasa el aire. Se diluye la voz en el espacio y en el terreno, sitio donde yo me hallo, hay un desvivir perenne, un anularlo todo como si una gran esponja fuese borrando la vida. Recuerdo los otros tiempos, la transparencia del aire, los enlaces del amor, la infinitud de las horas cultivando cada instante y aquel gusto por las cosas, aquella recreación del tacto, mis dedos sobre una piel de animal. 

De «Hondo temblor de lo secreto» (1993)

Estoy ensayando un gesto. Se rompe mi equilibrio en el inicio de un gesto. Mi cuerpo se queda en reposo. Me he detenido en un gesto. Voy buscándole otra forma, desprendiéndolo del tiempo, liberándolo del cuerpo. Ha comenzado a fluir como un río desbordado. Hay manos que se sumergen, manos que quieren tocarlo. Mi gesto se va estirando, deja de pertenecerme. Otro gesto se levanta, otro vuelo, otra distancia. 

Irse desbordando sin saberlo. Irse apagando en una luz que tiembla. Irse descantando casi disminuida en una delgadez de filo hiriente. Irse perdiendo en las ausencias, sin la piel, sin el roce, sin aliento. Irse quedando sin forma, sin presencia. Irse volviendo polvo lentamente, polvo soplado por el viento. 

~

Poemas extraídos de 
Antonia Palacios. Obras completas. Volumen II.
Universidad Católica Andrés Bello (2002)
ISNB: 980-07-8199-4

Este ejemplar fue consultado en la biblioteca
de Northwestern University.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Felicito a Oriette por su incansable labor de difusión de la poesía, en especial las poetisas de su generosa Venezuela.

    Me gusta

  2. Marián Muiños dice:

    No conocía a esta autora. Gracias por alimentar la curiosidad y poner a dieta la ignorancia. Me ha causcaado una gran impresión, porque ciertos sentimientos, incluso ciertas palabras, están presentes en mi libro Pacto con el Rosal, aunque con una forma poética muy diferente. Son esas casualidades que nos dejan perplejos.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s