Siete poemas de «Humana dimensión» de Matilde Mármol (Barcelona, 1921 – Caracas, 2011) ~

Matilde Mármol nació en Barcelona, Estado Anzoátegui, en 1921 y murió en Caracas en el año 2011. Pasó gran parte de su infancia y adolescencia en Caracas, donde realizó sus estudios. En 1946 se trasladó a Puerto Rico, ciudad donde publicó su primer libro, Confín de sueños (1948). Más adelante se mudó a Buenos Aires, donde estudió Periodismo. Luego, se trasladó a Lima donde comenzó a estudiar la carrera de Arqueología en la Universidad San Marcos, pero al poco tiempo la abandonó. En 1959 fue nombrada Tercer Secretario de la Embajada de Venezuela en Perú, cargo diplomático que desempeñó hasta 1961 cuando fue deportada por sus ideas políticas. Se asiló en Cuba desde el año 1961 hasta 1964. La mayor parte de su obra poética fue publicada en Perú. Estuvo casada con el escritor peruano Luis Felipe Angell de Lama, quien estuvo preso y sufrió exilio en diversas oportunidades, también por sus ideas políticas. Sobre uno de estos sucesos, la autora escribió un poemario llamado Solo la noche (1969) donde relata el encarcelamiento de su esposo durante el 26 y 31 de diciembre de 1968. [Si alguien tiene más información sobre este suceso, por favor escribir a poetasvenezolanas@gmail.com].

Es autora de los libros Confín de sueños (1948), publicado en Puerto Rico; Humana dimensión (1956), publicado en Lima; Letanía solar, publicado en Venezuela (1959); Los sinlogismos de Sofocleto (1968), Solo la noche (1969) y Humo del tiempo (1969). 

Se conocen pocos datos sobre su vida y su obra. Es una autora prácticamente omitida en selecciones y antologías poéticas venezolanas. Conocí por primera vez su trabajo hace tan solo unos meses, gracias a la antología Por mano de mujer. Poesía venezolana del siglo XX publicada por el Ateneo de Boconó en el año 1980. Al leer sus poemas, me propuse reunir la mayor parte de sus libros para investigar más sobre su trabajo, entre ellos su segundo poemario, Humana dimensión (1956). Los datos biográficos aquí compartidos se encuentran dispersos entre todas sus obras. Tampoco existen en Internet fotografías de la autora y se desconoce si trabajó otros manuscritos desde el año 1969 hasta su muerte en el año 2011. Por otro lado, la fecha de su muerte fue posible de obtener gracias a un artículo del año 2013 escrito por el escritor Antonio González Lira

Humana dimensión (1956) es un poemario que trabaja temas como la infancia, la ciudad y la muerte. En él, la autora abarca de forma abstracta aspectos importantes de su vida, siendo uno de los principales el de la movilidad, el cuerpo y el exilio. Mármol aprehende a la ciudad en el poema y construye puentes biográficos entre la niñez y la situación política del momento. Uno de los poemas más emblemáticos, Venezuela unánime, habla precisamente de la añoranza de la patria desde el exilio: «Te escribo/ desde lejos, te peino, te medito,/ te esculpo labriegos y colinas,/ te sufro inagotable» (p. 93).

Más adelante, el libro se quiebra para agregar tres poemas reunidos en una sección llamada [Motivos de la sangre] donde la autora le dedica textos a su padre, a su hija Armida y a un hijo no nacido, siendo este último la conexión con el resto del libro donde se reflexiona sobre el cuerpo y la sangre. 

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Después será el viento

Vengo a decir que a ratos me dejo
envejecer de pena o de algo
tan inapelable
como el tiempo trepando hacia la muerte.

Y es que no tengo otra manera
de morir
sino ésta con que a diario
amanezco, con que a diario
me pongo la muerte y dispongo

ordenadamente el día
para seguir muriendo.

Alguna vez soñé que fuera cierto
eso de estar parado en medio
de la vida
y oir la muerte cavando
en el trasfondo
Después será el viento —dije—

el fuego y la sangre mineral.

Más el hombre se precave
y, por si acaso, toma la vida
y en ella se arrebuja, circula,
regatea frente al calendario,
habla, procrea.
Pero a la hora del hueso,
a la hora de la víscera esperando,
se desnuda y se acuesta
con la muerte.
Después será el viento, el fuego,
y la sangre mineral —digo—
… Y me quedo frente al terror
mirando cómo la muerte
iza sus señales.

Los solidarios

De pronto todas las palabras
me sobran.
De pronto la angustia de un pueblo
me llena de sal la boca,
y un jardín que florece
¡qué me importa!

Hoy me importa estar viva
no el viento que sacude mis trapos.
Me importa el niño

y su saliva,
los huesos de mi madre
y la gente
que nunca respiró junto a mí.

Hoy digo aire, lirio, corazón,
y las palabras me pesan
y no las digiere mi alma.

Más cae un hombre
en medio de la vida

y no puedo quitarme este pensamiento
de las manos,
y no hay manera de evadirse,

y no sabe uno qué hacer consigo mismo.

Deliberadamente

Deliberadamente asumo mi cuerpo,
me bautizo mortal,

verifico mis vértebras, mi sangre,
mi condición humana indeclinable.

Calzo esta frente y la frente
del que siendo hermano es más
mi prójimo inclusive.

lnstálome en total, en colectivo,
hombro con hombro
solidariamente.

Ratifico mi modo ahora,
las costillas que opongo al viento,
las manos con que lloro,

la cal en que me integro,
mi destino tambn y mi fatiga.

Como si tal cosa

Vas. Vienes. Caminas.
Te sientas en una silla exacta.
Echas los ojos por la ventana
a un charco,
un perro te los sorbe y se marcha
orillándose al muro.
¡Francamente!

Afuera todo ocurre como si
nada, como si no te estuviera
doliendo hasta la sombra.
Todo afuera está en orden,
la gente pasa, saluda,
en fin, se comporta
con toda exactitud:
—Buenos días, señora, cómo van
por su casa.
—Buenos días, bien gracias.
Pasa la gente impávida,
como si nada. La gente…

Es dentro donde todos se están
muriendo a sorbos,
donde tú te aniquilas,
donde caes y te quedas
caída,
donde gritas para que no
te desgarre tanta cosa inútil,
donde tomas el lápiz y
escribes todo esto
y tú misma te asombras de ser
tan solitaria, de ser
un leño que arde,
un ser humano apenas,
aquí donde te hundes
como si tal cosa.
Afuera todo en orden:
—Buenos días, Matilde, cómo estás.
—Buenos días. Bien… gracias.

Despierto

Diariamente crezco.
desde mi ventana crezco
con el niño de enfrente.

Me acomodo en él,
le hago de mi vida,

ruedo por su infancia
confundiendo un grillo
con una margarita.

A veces soy el grillo
entonces canto, canto, canto...

Llanto por los héroes anónimos de la libertad

Mi patria está dondequiera se halle
amenazada la libertad.

Romain Rolland

Alzo —mi cuerpo al viento—
las dos manos proféticas:
…Y todo será un llanto.

La noche cae a tiros,
se desploma a balazos.
La noche no quiere amanecer
para no contar los muertos,
para no destapar
la sangre de los hombres
la noche se agiganta sobrehumana,
dice que no a las piedras,
a los montes…

Porque caen los hombres,
caen llorando desde
su libertad,
desde sus pechos ametrallados caen,
caen horriblemente muertos
al lado de su pólvora angustiada,
caen desde lo alto
de sí mismos,
sin manos, sin rodillas,
sin cara donde apoyar
la queja.

Pero caen con sus talones libres,
con su protesta andándoles
afuera de la boca,
caen de amor,
de libertad,
pues que de tanta libertad
quedaron muertos.

Caen de soledad, de lucha,
de abandono,
caen a pesar de mi pecho
que no puede sostenerles
ni aun llorando,
caen junto al umbral de mi amor!

Acábanse infinitos
repartiendo mensajes de rebeldía,
muérense inmortales
para que tenga remedio
la esperanza,
expresión la dignidad del hombre,
el hombre salvación.
Muérense sin otra cosa
qué hacer, SACRIFICADOS…

…Venid mujeres, niños,
novias de trenza azul,
ved cómo mueren de inenarrable
muerte los hombres a deshora.
Venid, os digo, y traed
vuestras manos con lágrimas póstumas,
¡qué la Muerte está barriendo el horizonte!
¡qué la Muerte está barriendo el horizonte!
llorad mujeres,
¡qué la Muerte está barriendo el horizonte!
¡de Hungría a Egipto está la Muerte andando!
lloremos,

¡qué está la Muerte de Egipto
a Hungría matando las banderas,
erigiendo, a pura traición, héroes anónimos,
matando, de Hungría a Egipto,
toda esperanza…

Vengan todos a ver
—que no es de ahora—
cómo en Inglaterra
tiene historia el atropello,
la rapiña tiene historia,
la agresión tiene historia,
¡tiene Albión las manos largas de sangre…!
Llorad niños,
que se fue Albión a la guerra:
                  do re mi do re fa
                  no sé cuándo vendrá
                  no se cuándo vendrá.
Niños de mi esperanza,
¡que están matando en Port Said
a las mujeres,
que en Port Said mueren los niños
sin abrir la palabra!
                  qué dolor, qué dolor, qué pena,
                  do re mi do re fa…

¡Cae Hungría , señores, cae Hungría!
¡Cae desde mi pecho en llamas!
¡Qué está el Oso en Hungría
escarbando!
¡Qué está cerrando de un zarpazo
el horizonte!
¡Qué hay que gritar desde los tuétanos!
¡Qué hay que inaugurar un grito
y atornillarlo al aire!
¡Qué está cayendo Hungría Kyrie eleison!
¡Qué está cayendo Hungría Kyrie eleison!
QUÉ HUNGRIA ESTÁ CLAMANDO...!

Lima, 5 de noviembre de 1956

Mi dolor está ungido en el universo

Yo, la que anhela un cielo en la garganta,
yo, la secreta, la imposible risa,

dominando mi pulso que adelanta
el ritmo de las horas con su prisa.

La que entierra sus sueños y levanta
sobre sus sueños una cruz de brisa,
la irremediable, la que canta y canta
y en su canto de hierbas se eterniza.

Miradme bien que vengo herida de astros.
Traigo el secreto de una voz antigua
e impasibles memorias de alabastros.

¡Mi dolor está ungido de universos!
ay imposible en vida tan exigua,
daros la eternidad con estos versos

~

Poemas extraídos de 
Humana dimensión de Matilde Mármol
Juan Mejía Baca & P. L. Villanueva Editores, Lima (1956)

Este ejemplar fue consultado gracias a
Penn State University.

El retrato que acompaña la selección fue tomado por José Gushiken
y se encuentra en el libro Humo del tiempo (1969).
Fue digitalizado para la presente publicación.

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